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Título del artículo
Some where over the rainbow
Nombre de la revista
Fecha de publicación
Primavera 2004
Nombre del autor o autora
Página de inicio
8
Número de revista
39
Contenido temático
… “Una trampa mortífera se añade a la vida social. Detrás de decenas de miles de jovencitas y jovencitos hay ídolos en potencia que exigen atención, presentaciones en palenques o discoteca, presupuestos para su próximo video -clip. ¿Dónde están las nieves de antaño? ¿Qué hicieron aquellos que sólo querían ser escritores, guerrilleros o presidentes de la República? Se han ido, quizás para siempre, las ambiciones pequeñas o a escala. “Un repertorio son las canciones que nos piden que, además, son las únicas que nos sabemos”. Oh tempora. O mores. Los niños de las colonias pudientes abandonan el magno silencio de sus VRS y sus computadoras, y emprenden el viaje de la admiración. Ya son infantiles y pueriles de otro mod, conocen al detalle la vida libidinosa de las abejas y de los apicultores, y han vivido frente y al lado de la Tele muy enterados de su destino ideal: actuar en la vida (lo que antes se llamaba vivir ) es animar un programa un día entero, la serie que lleva el nombre de la persona, soltar frases chistosas que galvanicen al auditorio, no se queden congeladores, aplaudan, reconozcan de costa a costa la simpatía y el carisma, liquiden de un golpe las distancias con otras generaciones, apodérense desde la infancia de recursos antes sólo privativos de la madurez. La precocidad sexual es norma universal y los precoces de hace veinte años hoy serían los más lentos, y nadie se asuste, porque las consecuencias son mínimas y, además, ¿qué quieren esos púberes, estas chavas? Ser reinas de su universo, usar el cuarto como el escenario impecable, maquilarse por horas para que se crea que apenas se maquillaron, ensayar meses y semanas poses y pasos. La TV dicta convenciones sensuales y el ritmo del desarrollo sacraliza a la juventud. De pronto, todos quieren ser jóvenes (los jóvenes incluidos=, los adultos renuncian a su condición omnisapiente que es insoportable, y los niños no quieren conocer poco a poco la realidad. Que todo sea de golpe, y alabemos las edad mítica y única: de los doce a los veinticinco años, no más, ni un mes añadido. Luego, empieza la debacle…

